Liderar es servir.


El líder es una persona con vocación de servicio y entrega. Sin estas dos cualidades es prácticamente imposible llegar a ser un líder de verdad. Uno puede empujar, mandar, dirigir pero no sabrá llegar al corazón ni al comportamiento de los que le rodean.
El auténtico líder puede nacer, pero sobre todo se hace, trabajando y desarrollando las capacidades y talentos que posee con esfuerzo e ilusión.
Ser líder es distinto a ser famoso. Hoy en días vivimos rodeados de programas sobre la vida amorosa de gente sin prestigio. Están de moda y tienen gran audiencia.  Estimulan el morbo, sin buscar la actitud sana, coherente y verdadera del ser humano. La gente sigue estos programas porque frenan sus frustraciones personales y traumas al ver vidas de famosos rotas sin sentido ni rumbo.
Ser líder significa saber gobernarse uno mismo. No es tarea fácil. Decía Lao-Tsé: “aquel que se conquista a los demás es poderoso, aquel que se conquista a sí mismo es invencible“. El dominio de uno mismo es complejo, arduo, debido a que la vida es incierta, cambiante, fluctuante… No tenemos seguridad de apenas nada y buscamos la respuesta a preguntas que en muchas ocasiones no tienen solución. Los que triunfan son aquellos que no sólo buscan esas respuestas a los los interrogantes de la vida, sino que sueñan, disfrutan de la experiencia con una visión positiva e ilusionante. Son capaces de transmitir ese entusiasmo.
Todos buscamos el éxito de alguna u otra manera. Para lograrlo hay que comenzar por definirlo. ¡No dejar que los demás definan nuestro éxito! Sino uno acaba persiguiendo los sueños de otros. El autogobierno comienza por saber quién soy, qué quiero y cómo quiero lograrlo. En muchos momentos nos toparemos con el fracaso como compañero de viaje. El fracaso bien asumido, a diferencia del éxito, nos enseña y es un gran maestro ya que nos hace crecer. Lo que te hace progresar como persona es el fracaso asumido de forma correcta.
El líder tiene capacidad de soñar, de creer en lo imposible. Cuando existe el ingrediente de la ilusión es mucho más fácil transmitir ese sueño por muy irreal que parezca. A través de ese entusiasmo, los que rodean al líder aumentan su capacidades y talentos. Mejoran porque quieren llegar a esas metas trazadas con ilusión.
Ser líder está muy relacionado con la fortaleza, refiriéndome no a un carácter duro o inflexible sino a seguir paciente y constantemente en la lucha por conseguir lo propuesto.
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No hay líder sin humildad. La humildad nos mantiene con los pies en la tierra, sin creernos nada; sin pensar que somos superiores a otros. Al revés, el líder-humilde posee la capacidad de escuchar a los demás, de aprender de los que le rodean y sobre todo de compartir. Es capaz de poner en común conocimientos, sabiduría, experiencias sin miedo a perder el protagonismo o liderazgo. El talento llama al talento, hace crecer lo bueno a su alrededor. En cambio el mediocre invita a la mediocridad. Veo mucha gente en la consulta con baja autoestima, que se infravalora; y siempre reitero que no conozco a nadie sin talento, pero sí a gente perdida, que no se encuentra y que por tanto no sabe ver lo valioso que llevan dentro. Cuando alguien desubicado se topa con un líder, este sabe sacar bucear en el interior del otro y sacar lo mejor que lleva dentro. Sabe limar las asperezas, y hacer brillar lo excelente que posee.
El buen líder es auténtico, es decir, existe una buena relación entre lo que piensa, dice y hace. Su conducta es ejemplar y es capaz de arrastrar a los que le rodean hacia lo mejor.  Las palabras ayudan pero es sobre todo el ejemplo lo que une los corazones y las cabezas para lograr una meta común. El líder ayuda a otros a desplegar su verdadero ser, sus posibles talentos y capacidades.
El liderazgo es una llamada a saber como somos, como reaccionamos, como sentimos y como nos relacionamos con otros. Los que lideran con valentía, autenticidad y coherencia crean un ambiente de ilusión y crecimiento a su alrededor.  Saben llamar al cambio, a la revolución interior.  El líder ayuda a los demás a alcanzar una altura que en ocasiones ni ellos mismos pensaron poder alcanzar. Abre la mente a nuevos horizontes de crecimiento y desarrollo interior. El líder no solo manda, sino que inspira. El liderazgo es una manera de ser y una manera de tratar a los demás.

Marian Rojas-Estapé
Psiquiatra
Artículo publicado en la revista del periódico El Espectador en Colombia (semana del 7 de junio 2014)