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sábado, 24 de enero de 2015

Corporalidad Humana

Publicamos el resumen de la excelente intervención de la Dra. Gloria Mª Tomás en la III Jornada de Bioética, para los que no pudisteis acudir a la jornada.

SIGNIFICADO Y SENTIDO DE LA CORPORALIDAD HUMANA
Dra. Gloria Mª Tomás y Garrido - Catedrática honoraria de Bioética
No vivimos ni nos desarrollamos en el vacío, ni en la nada. Nuestro advenimiento a la vida se realiza en un mundo natural y en un mundo con artefactos realizados por el hombre y, aún más, sabemos de la existencia de un universo cósmico e intuimos la posibilidad de otros mundos y otras galaxias.
La observación de esta verdad conlleva que busquemos y encontremos en estos mundos parte de sus significados y sus modos de funcionar; ello no nos deja indiferentes, sino que se acompaña por una reacción, un afecto, o un desafecto ante lo que acontece, creándose vínculos relacionales.
 Si esas relaciones fueran automáticas mostrarían que la persona no tiene una dimensión espiritual que se manifiesta en su libertad. Precisamente, la libertad, para saber ver, lleva ese riesgo: que, puede no valorarse a apetecer algo conforme a lo que corresponde por su justo ser. Existe, además, una gradualidad de la realidad que implica que las relaciones, en su mayoría son asimétricas. Aporta un pastor que nos orienta sobre el cuidado de una oveja, y aporta un farmacéutico que informa de la función curativa específica de una planta para esa oveja.
Desde estos supuestos estamos en condiciones de reconocer que existen los derechos y los deberes genuinos de las personas, cuyo origen se encuentra en el mundo natural al que pertenecemos, y de aceptar los deberes y derechos otorgados por el mundo cultural, de artefactos, en el que nos desenvolvemos. Pero ¿por qué en la práctica no es tan claro todo esto, se crean tensiones, etc.? La respuesta certera es porque el hombre está herido; las personas que han recibido el don de la fe saben que esta herida se debe al pecado original y a los pecados personales; pero también sin fe, cualquiera experimenta en sí, y en los demás, la vulnerabilidad. Esta ceguera o vulnerabilidad supone que para captar rectamente el mundo nos enfrentamos a dificultades, necesitamos de los demás.
El mundo creado no es un puzle de piezas sueltas y sin sentido, sino que tiene una finalidad, es teleológico, en su riqueza, en su diversidad y en su orden. Conforme se asciende en la escala natural, los seres participan del ser del que le precede y le supera, y ha de ser reconocido como tal. Toda la naturaleza es camino hacia el hombre, el cual es el culmen del desarrollo natural del mundo Y, como en la meta está implícito el camino, se exige para vivir humanamente un respeto a la naturaleza, en todo lo creado hay un atisbo de humanidad.
Sólo la persona humana tiene capacidad para preguntarse el qué y el porqué, clara manifestación de que no es sólo biología, sino es más, es también biografía y cobiografía. Pero sólo desde la biología está la biografía. El cuerpo, y sólo el cuerpo es capaz de hacer visible lo invisible. Es lugar y escenario en el que aparece el misterio de la persona. La corporalidad nos sitúa en el espacio y en el tiempo, y nos da la capacidad de expresar, de comunicar, de escuchar. El espíritu humano sólo existe y se entiende en el cuerpo, y eso conlleva también la aceptación de las limitaciones corporales. El cuerpo refleja en su estructura lo que sucede en el alma. Wittgenstein dirá que el cuerpo es la mejor pintura del alma.
El hombre se manifiesta en el mundo a través de su cuerpo, con todo el determinismo inexorable del mundo creado y, a su vez, con la posibilidad abierta a algo, sin solución de continuidad, con todo lo creado, y es que tiene libertad con la que puede hacer la aportación más decisiva que existe en la historia: la realización del bien moral. Pero también, por esa libertad, es la única criatura que puede rechazar ser lo que es y lo que está llamado a ser. En ese sentido, la ética no es un adorno, sino el deber ser para cumplir sus objetivos como personas, que son infinitos: la búsqueda de la verdad, la insaciable necesidad de bien, el hambre de la libertad, la nostalgia de lo bello, la voz de la conciencia (R. Hominis).
La dignidad se basa en ser lo que se es; en el caso de la persona, implica respetar los hechos biológicos, y desplegar los valores éticos, y eso da luz y sentido moral a la vida que se convierte en: proyectiva, imaginativa, interpretativa, libre, dramática (J. Marías). Dios, dirá el escultor Pablo Serrano, hizo al hombre lo menos posible. Muchas de las exigencias del amor proviene del descubrimiento acertado del mundo natural al que pertenecemos y en el que nuestro cuerpo vive y permite nuestra existencia.
Nadie puede reconocerse en solitario; el hombre no puede ser plenamente él mismo por sí solo. Se necesita el conocimiento amoroso que el otro -los demás- tienen de él. El hombre experimenta en profundidad su identidad cuando está articulada con la relación. En el ser-con. Así la libertad de la persona se hace constitutivamente de autoconciencia y autoposesión, de salida de si hacia el otro. Inscrito en el ser está la condición sexuada, un lenguaje universal. La sexualidad es una dimensión de donación peculiar, compleja y unitaria. La feminidad y la masculinidad se expresan en el cuerpo y por el cuerpo .La sexualidad marca a la persona, pero no la agota. Hay que reconocer y aceptar libre y positivamente las exigencias éticas de la inclinación sexual, educándola rectamente, de ahí emanan las exigencias internas de la dimensión personal del ser humano.
 La sexualidad no equivale al ejercicio de la genitalidad; es distinto las relaciones sexuadas que la relación sexual-genital. Además la actividad genital no es el único modo de expresarse como varón o como mujer. Ya Santo Tomás anunció que el matrimonio es necesario para el género humano, pero no para el hombre en particular.
Todos estamos convocados al amor. La necesidad de amar, de querer a alguien por sí y para sí. Los dos únicos modos de hacerlo de modo plenamente humano son a través del matrimonio y a través del celibato. En ambas situaciones, la persona es capaz de conocerse, poseerse, de darse libremente, de entrar en comunión con otras personas. La plenitud del amor al que estamos llamados es ir acercándose a esa relación con las personas en la que se llega a no distinguir el amor absoluto por uno o por todos.
En definitiva se trata de asumir el significado y el sentido de la corporalidad para llegar a ser lo que somos, criaturas creativas queridas.