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viernes, 28 de febrero de 2014

EL COMIENZO DE LA VIDA "EN DIRECTO"

Un video muy compartido por las redes sociales...desconocemos el autor/es pero nos parece de lo más ilustrativo y queríamos tenerlo aquí, en "tu blog":



video

miércoles, 26 de febrero de 2014

POR FAVOR ¿PUEDEN ESCUCHARME?

Agradecemos al Dr. Jesus Marchal Escalona habernos cedido este articulo de su  Blog


Por favor  ¿Pueden escucharme?

Lo primero que haré es presentarme: me llamo Jesús Marchal Escalona y como pueden ver en la foto soy muy muy pequeño (tengo unas cinco células) pero ese soy yo.  Necesito hablar y que me escuchen;  el asunto es el siguiente: me he enterado de que los mayores andan discutiendo en estos días sobre cuáles son los embriones que podemos nacer y cuáles no (según me han dicho a esto le llaman aborto y selección de embriones)

Creo que debo hacerlo para dar voz a otros embriones-compañeros que no pueden hablar y no son consultados;  yo soy un embrión defectuoso ya que en mi vida adulta desarrollaré una enfermedad que se llama ELA (esclerosis lateral amiotrófica). Por lo visto si detectan una alteración en el cromosoma 9 los médicos y los papás se ponen de acuerdo para eliminarte. ¿Entonces cómo es que estoy vivo?  Muy sencillo, aún no se conoce exactamente la alteración y por eso me he librado,  pero esto ya les ocurre a otros embriones-amigos que en un futuro pueden desarrollar una distrofia muscular o una poliquistosis renal, por ejemplo.

No se desecha solo a los enfermos,  también a los niños que son concebidos y sus mamás no quieren tenerlos.  En este caso no es porque tengan una enfermedad, están sanos,  se trata de que sus madres tienen problemas de diferente tipo y por eso abortan.

En este tema los adultos no se ponen de acuerdo, unos hablan de derechos, otros de leyes, otros de principios, otros de libertades, pero creo que dado que se trata de nuestra vida todos deberían escucharnos y tener muy en cuenta nuestra opinión. Por eso tomo el micrófono y hablo ya que parece que no tenemos voz en este entierro.

Lo primero que quiero que sepan es que aunque seamos pequeños, los embriones ya somos personas. Estoy absolutamente convencido de ello y mis “razones” están al margen de ideologías,  religiones,  políticas, moral,  corrientes de pensamiento, ética (sobre todo porque son palabras muy difíciles para un embrión tan chico como yo).  Pienso así porque sé que en un futuro estudiaré medicina y con 17 años recibiré mis primeras clases.  Las lecciones de embriología me mostrarán que las células germinales de los papás son y serán siempre por separado solo células,  pero cuando se unen y forman el cigoto (el embrión más pequeño) comienza un proceso mágico, increíblemente perfecto, que inicia un proceso de desarrollo y diferenciación que no se detendrá durante toda la vida: acaba de venir a la vida un nuevo ser diferente de su papá y de su mamá. Es como si un reloj comenzara a funcionar y a golpe de segundero y de forma automática las células de este embrión iniciaran un baile misterioso donde cada una sabe lo que hacer.

Como sé que esto puede ser difícil de entender voy a poner un ejemplo: un embrión se puede comparar a un libro desplegable cerrado; a simple vista podemos pensar “es solo un grupo de hojas” pero no es así,  es un libro especial,  mágico,  que se abrirá poco a poco de forma inexorable hasta formar un bello paisaje. Si intervenimos en el proceso en cualquier momento el resultado será siempre el mismo, rompemos el libro, en nuestro caso se elimina una vida humana.   


   
Hay quienes piensan que si lo rompemos no pasa nada, que es pequeño, que no tiene aún la forma final del paisaje, que ya habrá otra ocasión, otro libro, pero no es así: cada libro es único. El mío ponía en la portada JME y no ha habido ni habrá otro igual. Los embriones queremos abrirnos a la vida, todos, los sanos y los defectuosos                                                

Por si quedan dudas otro ejemplo: imaginemos una persona famosa y brillante en este período de embrión,  y pensemos que su madre no quiere tenerlo por unos problemas. Que nadie se sorprenda si en esta acción podríamos haber eliminado a Nelson Mandela o a la madre Teresa de Calcuta. Nunca habríamos disfrutado de ellos y sus legados desaparecerían porque nunca existieron. Sus hermanos Antonio Mandela y Engracia de Calcuta siguieron  otros caminos porque son diferentes.     

Más crudo lo tengo yo como embrión defectuoso:  los médicos dirán que es mejor eliminarme porque voy a sufrir mucho,  que mi enfermedad es incurable, que mi familia también sufrirá, que necesitaré mucha ayuda…  Pero ahora hablaré yo: gracias a todos por preocuparse de mí pero va a ser que no, yo quiero vivir.  Nadie puede ponerse en mi lugar ni darme lecciones sobre lo que es sufrir, yo estoy muy curtido en este tema. Entiendo que vista desde fuera mi vida puede parecer poco atractiva, pero es la única que conozco.  Para mí los primeros 35 años que estarán libres de enfermedad serán intensos y felices, me casaré y tendré dos hijos. Los siguientes 13 años aunque difíciles también me merecerán la pena ya que aunque esté enfermo seguiré siendo el papá de la familia.

Para terminar y en nombre de todos los embriones dos grandes propuestas:

Primero que sepan que los bebés queremos nacer TODOS, QUEREMOS VIVIR,  desde los embriones pequeños hasta los fetos grandotes.

Segundo que la sociedad  tiene que apoyar a las mujeres que se quedan embarazadas y tienen problemas para tener a su bebé. No debemos dejarlas solas,  es importante que miremos a los dos lados para solucionar un problema que no tiene  por qué acabar eliminando al más débil,  el niño.       



PD. Texto escrito con la ayuda de un ratón facial  (que hace moverse al puntero del ordenador con los movimientos de la cabeza) tecleando letra a letra en un teclado de pantalla haciendo clic en el ratón con el único dedo que puedo mover            





jueves, 20 de febrero de 2014

EL ABORTO DESAPARECERÁ

Agradecemos al profesor Emilio García Sánchez el "préstamo" de su artículo publicado en Las Provincias el jueves, 06 de febrero de 2014

El aborto desaparecerá

Emilio García Sánchez
Profesor de Bioética en Ciencias de la Salud.
Grupo de Investigación en Bioética
Universidad CEU Cardenal Herrera

En pleno avance del siglo XXI y a la vista del pasado, sostengo que la humanidad, en su mayoría, se opone a la violencia contra la vida humana. Resulta difícil encontrar gente que tenga por principio vital atacar a los demás. Aunque queda mucho por hacer, se han dado pasos históricos en la defensa de la dignidad y en el reconocimiento de los derechos humanos. Negarlo sería quedar inmovilizado en un comportamiento civil pesimista y desmotivante. Prefiero apuntarme al carro de los que se ilusionan en confiar en la humanidad, en la bondad de muchos que están ahogando el mal con abundancia y difusión del bien, aunque el ritmo sea más lento del esperado. Existe el mal pero no el mal absoluto, utopía que nos conduciría a la desaparición.
Hemos abolido la esclavitud mantenida durante siglos. Condenamos la aberración de la tortura y la discriminación racista, la violencia doméstica y los abusos sexuales, los fanatismos terroristas y los crímenes de guerra. Todas ellas, conductas violentas masivamente rechazadas por la sociedad. Hemos alcanzado acuerdos internacionales que respetan la vida de los discapacitados y promueven su inclusión social. Promovemos campañas para ayudar a los damnificados por terremotos (Filipinas). Recaudamos por ONG’s, alimentos, ropa, medicinas, y dinero para reducir la injusticia de la pobreza en el mundo. Apoyamos iniciativas para acabar con el tráfico de drogas, de personas y de armas. Difundimos campañas para reducir los accidentes de tráfico. Mediante negociaciones pacíficas hemos resuelto algunos conflictos bélicos y frenado otros innecesarios (Siria), que hubieran provocado miles de muertos y daños a la naturaleza.
La humanidad entera reconoce sin fisuras un único precepto moral irrenunciable: el de la no violencia. El mundo se pone en pie contra el que viola la vida, atropella la dignidad y anula los derechos de las personas. Sabe que la violencia es su fracaso más estrepitoso, su abismo. Y que el amor a la vida configura, como ningún otro, la fuerza efectiva que ha mantenido cohesionado el mundo a pesar de las grietas del odio. Porque lo que mueve el mundo y acaba triunfando es la benevolencia, querer el bien del semejante y no su mal. A lo largo del tiempo, se ha constatado una cualidad moral innata en el Homo sapiens, una herencia de la humanidad, una experiencia universal que recorre la historia: el reconocimiento del carácter inviolable de la vida humana, y su respeto incondicional. El ser humano aprende de modo instintivo que la vida es un don y no un castigo, una bendición y no una amenaza. Contempla su existencia corporal como el mayor bien, su bien más básico. Y ni el vivir lo registra como una imposición, ni la vida como un daño o un fallo biológico. La supervivencia individual del hombre y la de su familia ha latido siempre en el fondo de su ser como el más intenso de sus instintos animales. Por eso ha peleado insistentemente por su mantenimiento y no por su aniquilación, protegiendo la vida y defendiéndola del peligro a desaparecer. De siempre, recorriendo todas las culturas, la vida ha constituido un acontecimiento celebrativo y no una tragedia. Ha sido un hecho sublime, causa de alborozo y no un suceso vulgar o una noticia lamentable. Por eso, la muerte de un ser querido es el dolor más punzante de los dolores. Y la infecundidad, la mayor frustración de aquellos que se aman y no pueden perpetuar su amor en un descendiente.
Estamos ante una evidencia primigenia que existe en el ser humano: la vida es buena y deseada, es el primero de los bienes físicos protegibles, aunque no sea el único. Refleja una intuición humana, simple y pura de la verdad. El hombre alberga en su conciencia el principio elemental de que debe respetar al otro y no matarlo, y sobre él construye la convivencia. Porque el hombre estrictamente lo que quiere es vivir y dar la vida, no morir.  
Ahora, a la humanidad de este siglo XXI, le queda pendiente su mayor reto histórico en favor de esa proclamada no violencia: abolir el aborto. Representa su apuesta moral más relevante para los próximos años: lograr que bajo el amparo del respeto se cubra a todas las vidas sin excepción y durante toda su existencia.
No es difícil entender que la universalidad del respeto por la vida, reivindicado y logrado para muchos, debe alcanzar igualmente a las vidas humanas concebidas. Porque ese respeto y sus consecuentes derechos, se fundamentan exactamente en lo mismo en todas las vidas. Consiste en el principio de dignidad que se aplica idénticamente a cualquier individuo de la especie humana. No tendría sentido reclamar para unos el derecho a la vida y su protección, y negárselo a otros en determinados supuestos. Es ontológicamente contradictorio dado que estamos frente a las mismas vidas en unos casos y en otros: vidas iguales, vidas inocentes y dignas. Resulta una esquizofrenia moral reprobar éticamente, y condenar la violencia de la tortura, la pena de muerte, y el abuso de menores y silenciar el juicio o aceptar la muerte directa de humanos concebidos en crecimiento. Hemos de resolver este extraño cortocircuito ético que apela simultáneamente a la afirmación de la dignidad y a su anulación. Porque estamos siempre ante la misma categoría de seres humanos, individuos con identidad propia como no cesa de demostrar la embriología y la genética modernas.
          Si una amplia mayoría social ya se moviliza de maravilla y pacíficamente ante la violencia ¿Qué se ha roto interiormente en algunos miembros de nuestra gran familia cuando ante el concebido directamente abortado no reconocen un acto igualmente de violencia? ¿Qué pensamiento prevalece en una decisión y mentalidad abortista que va contra natura, contra esa natural inclinación hacia el respeto a la vida que la humanidad ha experimentado como la primera de sus inclinaciones?
          Estoy convencido de que la humanidad seguirá encontrando ese sano instinto moral en el corazón de sus hombres, y acabará oponiéndose a la violencia en todas sus manifestaciones. De la mano de la mujer embarazada, a su lado, acompañándola y ayudándola, construiremos cada vez más decisiones a favor de la vida. En poco tiempo, el mundo se convencerá – muchos países ya lo están - de que la garantía definitiva de su supervivencia y desarrollo comienza por respetar sin excepciones la vida engendrada. Entonces el aborto desaparecerá.

miércoles, 5 de febrero de 2014

GESTIÓN EMOCIONAL

GESTION EMOCIONAL “Aprendamos a vivir, para aprender a morir”
Mª José Paredes, psicóloga

(Resumen de su ponencia en la mesa titulada “Experiencias en un foro de bioética” de la II Jornada de Bioética celebrada el pasado 9 de noviembre)



He  decidido en este artículo enfocar la muerte desde la vida, es decir, como la única condición que se da para morir es estar vivos, seremos capaces de aprender a vivir mejor, para quizás, aprender a morir.         
La experiencia muestra que el sufrimiento prolongado y estéril, no hace nada más que subyugarnos y dirigir nuestra vida  por el camino equivocado.
Alguno de ustedes pensara que el sufrimiento es inevitable, pero lo cierto es que el sufrimiento físico en mucho de los casos se puede paliar e incluso eliminar. ¿Se puede hacer lo mismo con el sufrimiento psicológico?

Pues bien, aunque parezca que no, el psicológico también se puede evitar. ¿Cómo? Pues conociendo, identificando y gestionando nuestras emociones.
Todos hemos comprobado a lo largo de nuestra vida que ante un mismo hecho no todos nos sentimos igual, a algunos nos puede producir alegría, a otros tristeza, y a otros ni “fu ni fa”. Por lo tanto lo importante no es lo que nos pasa, sino lo que pensamos en cada momento, y como el pensamiento es previo a la emoción este es el que nos hará sentirnos bien o mal.
La forma en la que nos contamos la vida, es decir, la forma en la que interpretemos lo que nos está sucediendo nos puede afectar positiva o negativamente hasta en nuestra salud. De todos es sabido que una persona optimista afronta mejor una determinada enfermedad e incluso se recupera más rápidamente.

¿Y cómo podemos poner nuestro cerebro a nuestro favor? Primero pensando en positivo, porque si el pensamiento es previo a la emoción, esto nos va a garantiza que nos vamos a sentir mejor, nos daremos autoinstrucciones positivas que nos transmitan tranquilidad y esperanza; como yo estoy haciendo ahora con esta pequeña ponencia… “te va a salir bien, te encanta el tema y lo conoces perfectamente” el darnos instrucciones positivas nos va a potenciar el sentirnos bien y que nos enfrentemos en mejores condiciones a la adversidad.
El autorrefuerzo también es importante, estamos más acostumbrarnos a recriminarnos que a premiarnos. Hay que premiarse sobre todo cuando lo que hemos conseguido nos ha costado cierto esfuerzo.
Tanto las autoinstrucciones positivas como los autorrefuerzos, utilizados habitualmente y de forma coherente nos ayudan a desarrollar nuestro optimismo. Las personas optimistas no están ajenas a la realidad, más bien al contrario, están más cerca de esa realidad por difícil que sea y porque no tienen miedo a afrontarla, ya que destacan por su alto grado de motivación, su predisposición a la felicidad y su flexibilidad, genera buen clima y disfruta con cada cosa que les ofrece la vida en el día a día.

Lo importante de la gestión de las emociones es que, al igual que en un determinado momento podemos sentirnos mal o angustiados, la capacidad de reconducir ese sentimiento en otro más positivo y feliz está en uno mismo. Pasa como en las serpientes, en el propio veneno está el antídoto.
Una persona pesimista puede dejar de serlo, mediante el entrenamiento, el aprendizaje, la constancia y haciéndose dueña de sus emociones, solo hace falta que nos convenzamos y estemos dispuestos a efectuar ciertos cambios en nuestra vida, en nuestra forma de pensar y sentir y por lo tanto de interpretar la realidad. 

Otra cualidad muy importante para dejar de sufrir es cultivar el sentido del humor, que además es uno de los pilares de la inteligencia emocional. Porque aunque algunos problemas no desaparezca, y algunas de las cosas que no nos gustan no cambien, con el sentido del humor siempre nos sentiremos mucho mejor mientras que intentamos cambiarlas.
Todo lo hasta ahora mencionado nos hará sentir mejor en el día a día, a pensar con más objetividad, a crear soluciones más imaginativas y eficaces para nuestros problemas, pero… cuando nos encontramos con la adversidad ¿Qué arma debemos de usar? La Resilencia.
EL psiquiatra Luis Rojas Marcos describe la resilencia como “la poderosa capacidad humana de encajar, resistir y superar la adversidad”.

En esta II Jornada que nos ocupa, la adversidad es tener que luchar ante las enfermedades, haber padecido la pérdida o muerte de un ser querido y la soledad y la angustia de este hecho.
Un ejemplo que simboliza la resilencia es el de la ostra cuando transforma un grano de arena en una perla. Cuando un grano de arena entra en el interior de una ostra y la ataca, esta segrega nácar para defenderse generando así la preciada perla.
Todos podemos ser resilentes porque la perseverancia en alcanzar unos objetivos, nos ayudara a desarrollar la confianza y esta nos hará valientes, para enfrentarnos a los obstáculos de día a día y conquistando así nuestro futuro.

Principios y acciones que nos harán ser más resistentes a las adversidades:
·       Potenciar nuestra capacidad de observación, de análisis y reflexión.
·       Fortalecer nuestra seguridad y nuestra autonomía personal.
·       Creer en nosotros mismos, especialmente en los momentos difíciles.
·       Aceptar que las cosas a veces llegan más tarde de lo que desearíamos, pero dando pasos adelante conseguiremos alcanzarlas.
·       Confiar siempre en nuestras posibilidades.
·       Levantarnos después de cada tropiezo
·       Crecernos ante las adversidades.
·       Desarrollar el razonamiento lógico y el sentido común.
·       Motivarnos cada día.
·       Potenciar nuestra esperanza.
·       Impedir que los demás nos responsabilicen de las desgracias o insatisfacciones ajenas.
·       Asumir que nos podemos equivocar, poro que no nos hundiremos por ello, sino que aprenderemos de nuestros errores.
·       Visualizarnos en positivo.
·       Sonreír cada día y …
·       Llenarnos de ilusiones nuevas.

Decir también, que como la muerte es un proceso (a no ser que sea un hecho repentino), y que durante ese proceso hay momentos en los que también existe la alegría, disfrutemos de dichos momentos. 

Quedémonos pues con estos momentos porque en realidad se dan, como bien dice en su poema “Al olmo viejo” Antonio Machado.
Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo

algunas hojas verdes le han salido…